domingo, 9 de noviembre de 2014

BIOGRAFÍAS: EDITH PIAF.




EDITH PIAF, ETERNA 




MARIAN PIDAL





 
 
 
Edith Piaf, El Gorrión de Belleville   

   La vida de Edith Giovanna Gassion, universalmente conocida como Edith Piaf, es enigmática incluso cincuenta años después de su desaparición. Según la placa que luce en un muro de la calle Belleville de París, Edith nació en la escalera del portal número 72 un 19 de diciembre de 1915. Algunos testigos refutaron el dato asegurando que vio la luz en el Hospital Tenon, cerca de la humilde casa familiar.
 
 
   Sobre su muerte se barajan dos fechas que ni Danielle Bonel, su secretaria, ni Théo Sarapo, entonces su marido, quisieron aclarar. Puede que muriese el 10 de octubre de 1963 en Plascassier; que Théo metiera clandestinamente el minúsculo cadáver en un coche y que condujera hasta París para dar como data oficial del deceso el 11 de octubre; por cierto, el mismo día en que murió Jean Cocteau, uno de los mejores amigos de Edith. Dudas, controversias y polémicas fueron añadiendo misterio a la biografía de un ser excepcional que nació para sufrir, vivió para triunfar y murió para perpetuarse.
 
 
   Un acróbata ambulante, Louis Alphonse, el padre, y una cantante callejera, Annetta, la madre, negaron a Edith un hogar estable. Ella jamás superó las miserias de una infancia desabrida y lúgubre al cuidado de las abuelas. La materna apenas la soporta. Pero la paterna, ‘madame’ de un burdel en Normandía, y las prostitutas de la casa se disputan el cariño de la chiquilla y la miman compulsivamente cuando padece una ceguera transitoria y su cuerpo se quiebra. Los días en el prostíbulo son difíciles pero parecerán entrañables comparados con los que están por llegar. Louis Alphonse la reclama para que le acompañe en su continuo vagabundeo. La obliga a cantar, a pasar la gorra, a trabajar hasta la extenuación. La fatalidad se atenúa cuando conoce a Simone, la hermanastra dulce y paciente que nunca dejará de quererla.
 
 
   Edith es solo una adolescente cuando comienza una relación con Louis, el padre de su única una hija, Marcelle, fallecida víctima de meningitis a los dos años de edad. Aniquilada, intenta sobrevivir cantando por las calles de un Paris que le resulta hostil y despiadado. Va precariamente vestida, es demasiado menuda, su rostro resulta indiferente pero cuando actúa deslumbra a los transeúntes que escuchan su voz vibrante, auténtica, desgarradora. Entre el callejeo grisáceo de los suburbios miserables y el chic dorado de las avenidas, Edith resplandece. Tanto que el conocido empresario Louis Leplée la tutela, la pule y la presenta al mundo como ‘La Môme Piaf’.
 
 
   Corren buenos tiempos para el ‘Gorrión’ parisino hasta que Leplée muere en extrañas circunstancias. Llega el music-hall y, por suerte, la ayuda del letrista Raymond Asso y de la compositora Margueritte Monnot. Nace la gran Edith Piaf patrimonio francés; la voz del pueblo que canta enfundada en un vestido negro ‘Mon légionnaire’, L’accordéoniste’, ‘Les trois cloches’ y ‘La vie en rose’.
 
 
   Francia la adora y Estados Unidos la mitifica. Colecciona triunfos, amistades y amantes. Se codea con los artistas, intelectuales y deportistas más mediáticos. Entre sus múltiples conquistas figuran Yves Montand, Marcel Cerdan -el hombre que amó hasta la extenuación y al que dedicó el tema ‘Hymne à l’amour’-, Charles Aznavour, Jacques Pills -su primer marido-, Douglas Davis, Louis Gérardin, Marlon Brando y Georges Moustaki, el amante músico que escribe para ella ‘Milord’, el tema que la convulsiona en cada actuación.
 
 
   Piaf vive instalada en una noria. Sube con los éxitos artísticos y baja con los desengaños amorosos, los accidentes de tráfico, las operaciones quirúrgicas y las curas de desintoxicación. Al dolor anímico se añade el físico y la adicción a la morfina y las píldoras. Parece una anciana a punto de apagarse. Pero se levantará nuevamente y volverá a la cima con ‘Non, je ne regrette rien’, la obra maestra de Charles Dumont, y el amor de Théo Sarapo, un cantante novel casi treinta años menor que la estrella, su último marido y compañero artístico.
 
 
   Películas, obras de teatro, libros y artículos han narrado la existencia de Edith Piaf. Para saber quién fue basta escucharla. Lo evidente flota en 'La belle histoire d'amour', 'La foule', 'Mon Dieu', 'Padam-Padam', 'Mon manège à moi' o 'Le droit d'aimer', las canciones monumentales. Lo secreto se oculta en 'Le petit Monsieur triste', 'Johnny, tu n'es pas un ange' o 'N'y vas pas Manuel', las más pequeñas, como Edith.  
 
 
El texto que acompaña a este artículo fue publicado por MARIAN PIDAL el 24 de septiembre de 2013 en el periódico 'El Comercio', de Gijón, España.

1 comentario:

  1. Esta biografía es una joya. Me encanta, de verdad.

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