viernes, 4 de julio de 2014

BIOGRAFÍAS: MARLON BRANDO.

BRANDO, UN ALMA INSONDABLE

                                                       
 
MARIAN PIDAL  



 
      Siempre que me hablan de Marlon Brando recuerdo la primera fotografía que vi del actor más portentoso de la historia del cine. En ella aparece radiante, bello, con la sonrisa que ilumina a los elegidos. Fue tomada durante el rodaje de 'Rebelión a bordo' y representa la plenitud tan buscada como esquiva.

 
     Marlon Brando Junior habría cumplido 90 años el pasado 3 de abril. El próximo 1 de julio llegará el décimo aniversario de su muerte. Diez años sin Brando son una eternidad.

 
     Marlon Senior y Dorothy, los Brando, vivían en Omaha con sus hijos Jocelyn, Frances y Marlon Junior, familiarmente Bud. Sus hermanas le mimaban mientras la madre, actriz aficionada, se hundía en el alcoholismo. El padre, comercial de productos químicos, estaba ausente durante largos períodos. Era un hombre colérico que también bebía en exceso. Bud no disfrutó la ternura de una madre, sino la desolación cuando la arrastraba de los bares en condiciones lamentables. Del padre recibió desprecio y humillaciones constantes. En el álbum familiar aparecen instantáneas de un Bud inseguro, huidizo, introspectivo. Anárquico, odiaba las normas escolares y las de la academia militar en la que le inscribió su padre.

 
     Los hermanos Brando se instalan en Nueva York. Marlon colecciona empleos y recibe clases de interpretación. Stella Adler, una institución en la materia, queda anonadada tras verle actuar. El carisma y magnetismo del principiante le muestran un diamante en bruto. Ella sabrá pulir a la futura joya de la corona.

 
     Brando inicia su carrera en el teatro. Broadway le aclama como secundario y como protagonista. Con 'Un tranvía llamado Deseo' causa sensación.

 
     Debuta en el cine con 'The Men', maravillando al público en el rol de un excombatiente anclado a una silla de ruedas. Estaba inmenso.

 
     En los cincuenta nace el mito. Rueda tres obras maestras reconocidas con tres nominaciones al Oscar: ‘Un tranvía llamado Deseo’, ‘¡Viva Zapata!’, y ‘Julio César’. Se vuelve irresistible hasta el punto de que en ‘Salvaje’ imprime una forma de vestir y gesticular clonada durante generaciones.

 
     Con ‘La ley del silencio’ gana su primer Oscar rozando lo sublime en la piel de un boxeador retirado que combate la corrupción en los muelles. El chico de Omaha no es solo un ‘sex symbol’. Es un gigante.

 
     Marlon huye del encasillamiento y ofrece su perfil cómico en ‘La casa de té de la luna de agosto’. Fascinado por la cultura oriental, encabeza ‘Sayonara’ consiguiendo otra nominación al Oscar. En ‘El baile de los malditos’ y ‘Piel de serpiente’ borda los papeles, como de costumbre.

 
     Recibe clases de baile, canto, idiomas y dicción. Está preparado para cualquier desafío. Y, contra pronóstico, los sesenta supondrán una inflexión en su trepidante carrera.

 
   Trabaja en cintas de discutible calidad -‘El rostro impenetrable’, ‘Su excelencia el embajador’, ‘Rebelión a bordo’, ‘Dos seductores’, ‘La condesa de Hong Kong’, ‘Morituri’, ‘Reflejos en un ojo dorado’- pero él permanece irreprochable.    Adquiere fama de conflictivo, discute con los directores y corrige a los guionistas. Los egos chocan y la crítica comienza a menospreciarle.

 
     Su vida sentimental fue turbulenta. A tres esposas añadió un torrente de amantes más o menos esporádicas. Tras su fallecimiento, algunos biógrafos lo presentan además como un conquistador de hombres. Los pleitos con sus exmujeres y la manutención de sus hijos -al menos once- merman su fortuna.

 
     Se dijo que estaba acabado pero solo había perdido batallas, no la guerra. En 1972, Coppola le elige para encarnar a Vito Corleone en ‘El Padrino’. El mundo se para. Cuándo se había visto una actuación tan imponente y arrasadora. Pacino llegó a decir que trabajar con Brando era como rodar con Dios.

 
     Sin discusión, le premiaron con un Oscar y sin inmutarse, lo rechazó. En su lugar envió a una joven para declarar que obraba movido por el deseo de reivindicar los derechos de los nativos estadounidenses. No iba de farol. Estaba implicado en la causa y donó unos terrenos de su propiedad al pueblo indio. Anteriormente, había defendido a la comunidad afroamericana.

 
     En 1973, ‘El último tango en París’ le valió otra nominación al Oscar. No lo obtuvo. La Academia no quiso correr riesgos. La cinta de Bertolucci, devaluada y tildada de filme erótico vulgar por críticos influyentes, es hoy una obra de culto y uno de los trabajos más sinceros de Brando. Algunas frases improvisadas evocan episodios auténticos de su vida.

 
     Después de ‘Apocalypse Now’, acepta personajes mediocres bien pagados. Él se ocupaba de engrandecerlos. En 1987, es nominado al Oscar por ‘Una árida estación blanca’. Tampoco ganó. Vuelven los papeles grises -‘El novato’, ‘La isla del Doctor Moreau’, ‘Un golpe maestro’, ‘The Brave’-. ‘Don Juan DeMarco’ fue la excepción.

 
     Brando se agota. El entorno familiar, inestable, le reserva dos mazazos. El primero golpea cuando su hijo Christian es encarcelado por asesinar al novio de su hermanastra Cheyenne. El segundo, cuando la muchacha se suicida. Comienza el abandono.

 
     El antiguo ideal de belleza y sensualidad se refugia en la comida hasta inflarse como un pez globo. Adicto a internet, solo se relaciona con un reducidísimo grupo de amigos. Su salud se quebranta y fallece en Los Àngeles aquejado de una fibrosis pulmonar.

 
     Brando siempre será tema de conversación. Cuando no quede ni un resquicio de su vida por airear, se inventarán anécdotas, chismes, frases, pero nunca se conocerán sus misterios. Es imposible llegar al fondo de un alma insondable.


 
MARLON BRANDO,
3-IV-1924, Omaha, Estados Unidos/1-VII-2004, Los Ángeles, Estados Unidos. Actor y director de cine.

El texto que acompaña a este artículo fue publicado por MARIAN PIDAL el 8 de junio de 2014 en 'El Comercio', periódico de Gijón, España.

BIOGRAFÍAS: JOHN WILLIAMS, COMPOSITOR.


John Williams, The Artist  




MARIAN PIDAL









        El ocho de febrero, pocos días antes de celebrarse la gala de entrega de los Oscar, John Williams cumplió ochenta años. Faltó poco para que el genial compositor añadiera a su lista de regalos de aniversario una nueva estatuilla dorada; la que premiaba la Mejor Música Original de 2011. Williams competía contra sí mismo y frente a otros tres sólidos candidatos.
 
     Por el Oscar luchaba Alberto Iglesias. El músico vasco había escrito para ‘El topo’, película un tanto opaca y algo encriptada, un score interesante y de buena factura, que, sin embargo, no partía como un rival temible. En España latía la esperanza y el convencimiento de que los refranes se cumplen. A la tercera, tenía que ir la vencida. Finalmente, ‘El topo’ se fue como llegó: de vacío.
 
      ‘La invención de Hugo’, del realizador Martin Scorsese, un prodigio técnico y visual; una explosión de movimiento, color y sorpresas, aportaba una música excelente firmada por Howard Shore. Los corrillos de la meca del cine aplaudían el trabajo del director neoyorquino, en ocasiones injustamente valorado por sus compatriotas. Había llegado el momento de Martin, se decía; se deseaba; se certificaba. Y los votos, caprichosos, dieron la espalda a un esfuerzo artísticamente redondo. Su música se apagó.
 
       Para glorificar el arte por el arte aterrizaba en Hollywood ‘The Artist’, el filme que venía a sacudir las alfombras del cine comercial y a desubicar a la industria independiente minoritaria. A priori, se le adjudicaban varios Oscar, sin duda merecidos. El de la banda sonora no figuraba entre los seguros porque contenía excesivas similitudes con las joyas musicales de Chaplin y un cuasi-plagio de algunas páginas de Bernard Herrmann en ‘Vértigo’. Con todo, el hechizo de ‘The Artist’ se impuso al de John Williams, el venerado rey de las melodías deliciosas, el leitmotiv certero y la orquestación magistral. Varias generaciones de cinéfilos grabarán en la memoria la música de ‘Tiburón’, ‘El violinista en el tejado’, ‘La guerra de las galaxias’, ‘En busca del arca perdida’, ‘E. T.’, ‘Jurassic Park’ y ‘La lista de Schindler’. Las mismas que recordarán cómo ‘Las aventuras de Tintín: el secreto del Unicornio’ y ‘Caballo de batalla’ no pasaron de la nominación.









 
    









     ‘Las aventuras de Tintín: el secreto del Unicornio’ -cine de acción en estado puro- posee una música enérgica y fresca carente de melodías pegadizas; de ésas que se tararean al salir del cine. Están de más para un público sacudido por aluviones de escenas trepidantes proyectadas al compás de arreglos expresivos y vehementes.
 
     El género bélico de línea clásica que reivindica ‘Caballo de batalla’ se desenvuelve con una sencillez narrativa directamente enfocada a los afectos. Williams acierta de pleno escribiendo microtemas gloriosos y preciosistas. Arrancando emociones a las cuerdas, los metales y la percusión.


 
 


     Con cinco Oscar en su poder y cuarenta y siete nominaciones a la espalda, Williams ya no se inmuta ante los premios y los homenajes. Rutina. Cuando se comparten páginas memorables de la historia del cine con Max Steiner, Alfred Newman y Miklos Rozsa, qué puede cambiar un Oscar. Nada. Felicidades, maestro.



Artículo publicado por Marian Pidal en 2012 en 'El Comercio', periódico de Gijón, España.

 

John Williams: 8-II-1932, Floral Park, Estados Unidos. Compositor, instrumentista y director de orquesta.  

MÚSICA ANTOLÓGICA: CHARLES AZNAVOUR, 'LA BOHÈME'.


Charles Aznavour, el gusto exquisito


 


MARIAN PIDAL






      'Música Antológica' es un espacio en el que tendrán cabida canciones míticas de cualquier estilo musical y temas instrumentales legendarios.

     La sección se inaugura con 'La Bohème' interpretada por Charles Aznavour, un artista incombustible que ya ha cumplido 90 años y se mantiene en activo.
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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'La Bohème'  
 
 
 
 
 
'La Bohème'
 
Je vous parle d'un temps
Que les moins de vingt ans
Ne peuvent pas connaître
Montmartre en ce temps là,
Accrochait ses lilas,
Jusque sous nos fenêtres
Et si l'humble garni
Qui nous servait de nid
Ne payait pas de mine
C'est là qu'on s'est connu
Moi qui criait famine
Et toi qui posais nue.

La Bohème, la Bohème
Ça voulait dire on est heureux
La Bohème, la Bohème
Nous ne mangions  qu'un jour sur deux.

 Dans les cafés voisins
Nous étions quelques-uns
Qui attendions la gloire
Et bien que miséreux
Avec le ventre creux
 Nous ne cessions d'y croire
Et quand quelque bistro
Contre un bon repas chaud
Nous prenait une toile
Nous récitions des vers
Groupés autour du poêle,
En oubliant l'hiver.

 La Bohème, la Bohème
Ça voulait dire tu es Jolie
La Bohème, la Bohème
Et nous avions tous du génie.

 Souvent il m'arrivait
Devant mon chevalet
De passer des nuits blanches
Retouchant le dessin
De la ligne d'un sein
Du galbe d'une hanche
Et ce n'est qu'au matin
Qu'on s'assayait enfin
Devant un café-crème
Epuisés, mais ravis
Fallait-il que l'on s'aime
Et qu'on aime la vie.

 La Bohème, la Bohème
Ça voulait dire on a vingt ans
La Bohème, la Bohème
Et nous vivions de l'air du temps.

 Quant au hasard des jours
Je m'en vais faire un tour
A mon ancienne adresse
Je ne reconnais plus
Ni les murs, ni les rues
Qui ont vu ma jeunesse
En haut d'un escalier
Je cherche l'atelier
dont plus rien ne subsiste
Dans son nouveau décor
Momtmartre semble triste
Et les lilas sont morts.

 La Bohème, la Bohème
On était jeunes, on était fous
La Bohème, la Bohème
Ça ne veut plus rien dire du tout.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
'La Bohemia'
 
 
Os hablo de un tiempo
Que los menores de veinte años
No habrán conocido
Montmartre en aquellos tiempos
Colgaba sus lilas
Hasta debajo de nuestras ventanas
Y aunque el humilde piso amueblado
Que nos servía de nido
No era gran cosa
Es allí donde nos conocimos
Yo, que pasaba hambre
Y tú, que posabas desnuda

La bohemia, la bohemia
Significaba 'somos felices'
La bohemia, la bohemia
Comíamos día sí, día no

En los cafés cercanos
Éramos unos cuantos
Esperando la gloria
Y aunque miserables
Con el estómago vacío
No perdíamos la fe
Y cuando algún bar
A cambio de una cena caliente
Aceptaba una tela
Recitábamos versos
Alrededor de la estufa
Olvidando el invierno

La bohemia, la bohemia
Significaba 'eres bonita'
La bohemia, la bohemia
Y todos éramos genios

A menudo pasaba
Delante de mi caballete
La noche entera en blanco
Retocando el dibujo
De la línea de un seno
Del contorno de una cadera
Y al llegar la mañana
Por fin nos sentábamos
Delante de un café con leche
Agotados pero radiantes
Había que amarse
Y amar la vida

La bohemia, la bohemia
Significaba 'tenemos veinte años'
La bohemia, la bohemia
Y vivíamos del aire

Cuando, al azar de los días
Voy a dar un paseo
Por mi antiguo barrio
No reconozco
Ni las paredes, ni las calles
Donde transcurrió mi juventud
Arriba de una escalera
Busco el taller
Del que nada subsiste
Con su nueva apariencia
Montmartre parece triste
Y las lilas han muerto

La bohemia, la bohemia
Éramos jóvenes, estábamos locos
La bohemia, la bohemia
Ya no significa absolutamente nada.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
'La Bohème', Autor: Charles Aznavour.
 
 
Shahnourh Varinag Aznavourian, 'Charles Aznavour': 22-V-1924, París, Francia. Cantante, compositor y actor.
 

LA PINACOTECA DE MIS SUEÑOS: TOULOUSE-LAUTREC.



Toulouse-Lautrec, el mago del cartelismo  





MARIAN PIDAL





      Este Blog contará con la sección 'La pinacoteca de mis sueños'. En ella incluiré algunos de mis cuadros preferidos, especialmente los que vinculan la música y la pintura.
 
     Hoy comienzo con la obra de Henri de Toulouse-Lautrec titulada 'Marcelle Lender dansant le boléro'. Espero que os guste tanto como a mí.







'He intentado ser veraz y no falsificar ensueños. Tal vez sea un error, pero me es imposible dejar de ver las verrugas; conscientemente las hago más grandes, les agrego pelos desagradables y les pongo algún pico brillante. No sé si usted puede controlar su pluma, pero cuando mi lápiz se mueve, tengo que dejarlo correr, si no ... ¡plump!; se acabó': Henri de Toulouse-Lautrec.





 


   Hoy, hace ciento cincuenta años, nacía el pintor de la vida nocturna, bohemia y desenfrenada, del Paris de finales del XIX. Por ese motivo y como sincero homenaje a su talento, cuelgo algunas de sus obras de temática musical más reconocidas.













 











 


 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 



















Henri de Toulouse-Lautrec: 24-XI-1864, Albi, Francia/9-IX-1901, Saint-André-du-Bois, Francia. Pintor.