viernes, 2 de enero de 2015

BIOGRAFÍAS: AUDREY HEPBURN.

AUDREY HEPBURN,
UN ÁNGEL 
 

 
MARIAN PIDAL





El Espíritu de Audrey Hepburn


 
   Junto a la sede del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, se descubrió en 2002 la estatua diseñada por John Kennedy conocida como 'El espíritu de Audrey'. El monumento recuerda la vocación humanitaria de la actriz Audrey Hepburn, el ángel que pasó por Hollywood.

   Entre 1988 y 1993, año de su fallecimiento, Audrey trabajó activamente en favor de la erradicación de la desnutrición y el analfabetismo en África, América y Asia.

  A los veinte años de su muerte, su imagen permanece intacta. Periódicamente, encabeza listados de belleza; aparece como reclamo publicitario de diferentes productos, y las prendas y objetos que utilizó en sus películas salen a subasta. el magnetismo de Audrey parece eterno. Tan discreta y sencilla, nunca lo hubiera creído porque la única persona que no la consideró hermosa ni la admiró como una intérprete con talento fue ella misma.
 
 
  Audrey Hepburn nació en Bélgica, en un hogar acomodado y aristocrático. El nido -dominado por Ella Van Heemstra, la baronesa madre- se regía por una disciplina estricta. Joseph Ruston, el padre, era un dandy aprisionado en una familia incompatible con su carácter aventurero y filonazi.
 
   La huida llegó en 1935. Madre e hija, tras el abandono paterno, se establecen en Holanda. Allí sufrirán los desastres de la Guerra y el desbaratamiento de todos los proyectos imaginados. El hambre devastará los países implicados en el conflicto y moldeará el carácter y la fisonomía de quien llegará a ser el icono de la elegancia del siglo XX.
 
 
  Hepburn, físicamente frágil, poseía determinación para culminar sus propósitos. Quiso ser bailarina profesional y estudió ballet en Gran Bretaña. Sus profesores determinaron que no sería una 'prima ballerina'. La revista fue entonces el sucedáneo que le permitió danzar.
 
   Era extraordinariamente fotogénica. Con unos ojos que traspasaban la pantalla y una sonrisa capaz de derretir un iceberg, probó suerte en el cine. En 1951, su aparición fugaz en 'Oro en barras', junto a Alec Guinness, y la interpretación en 'Monte Carlo Baby' anuncian grandes triunfos. Guapa y carismática , ya sabe que también debe demostrar aptitudes. Colette le ofrece el papel de Gigi en una producción musical de Broadway. Acepta y lo borda. El reconocimiento definitivo, incluido el Oscar, llegará con 'Vacaciones en Roma', al lado de Wyler y Peck.
 
 
 
   En los cincuenta, 'Sabrina', 'Ariane', 'Historia de una monja' y 'Una cara con ángel' hacen de Audrey un mito. Su carrera, dicen, ha tocado techo. No; aún faltaba la película que la haría inmortal y que brindaría su perfil más esplendoroso: 'Desayuno con diamantes'. Desde entonces, todas las generaciones la adoran. Sus vestidos, sombreros, tiaras, moños, gafas, pañuelos, zapatos y boquillas siguen marcando tendencia. Hoy, en alguna parte, alguien quiere ser la 'nueva Nefertiti' de la portada de 'Vogue' o la 'Victoria de Samotracia' de 'Una cara con ángel'.
 
 
 
 
 
   La filmografía de Hepburn acumula cintas magníficas: 'Charada', 'Encuentro en París', 'My Fair Lady', 'Cómo robar un millón y ...', 'Dos en la carretera', 'Sola en la oscuridad', 'Robin y Marian', 'Todos rieron'.
 
   Audrey agradecía emotiva y sinceramente los homenajes que recibía. Sin el recuerdo de sus compañeros, cualquiera le parecía injusto. Su paso por el cine no sería el mismo sin las historias de Capote, Trumbo y Shaw; la dirección de Wyler, Wilder, Edwards, Donen, Cuckor y Vidor; las réplicas de Peck, Grant, Cooper, Astaire, Bogart, Holden, Harrison, Finney, Gazzara, Peppard y Connery; las melodías de Mancini, Barry, Gershwin, Auric y Rota, y los espectaculares diseños de Givenchy, Head y Beaton.
 
 
 
   Nadie osó anteponer un artículo a su apellido; nunca fue La Hepburn. Ha sido y será para siempre Sabrina, Anne, Reggie, Natasha, Ariane, Eliza, Marian y Holly; especialmente Holly Golyghtly, el diamante perfecto.
 

video
'Audrey'
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
El texto que acompaña a este artículo fue publicado en 2013 por MARIAN PIDAL en el periódico 'El Comercio', de Gijón, España.   

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