martes, 15 de julio de 2014

BIOGRAFÍAS: ELLA FITZGERALD.



RETRATO DE ELLA FITZGERALD  
MARIAN PIDAL


 
   Hoy se recordará la dolorosa ausencia de Ella Jane Fitzgerald. Se cumplirán 17 años desde que en Beverly Hills, consumida por la diabetes, casi ciega y con ambas piernas amputadas, la voz más grandiosa del jazz quedó en silencio. La 'Primera Dama de la Canción' había sido un prodigio de empuje y resistencia ante el infortunio. Hasta el final hizo gala de una jovialidad genética que la protegió siempre contra los reveses de la fortuna.
 
   Nació en Newport News, Virginia, el 25 de abril de 1917. La pobreza y las turbulencias familiares que marcaron su adolescencia -abusos, miseria, reformatorio- no consiguieron empolvar de resentimiento sus canciones, ni mucho menos. La dinamitaron afectivamente pero no disminuyeron su proverbial optimismo. Sola, con una familia inestable o ausente, el aire de Yonkers se le vuelve irrespirable. Sueña con bailar y en 1934 se inscribe en un concurso para artistas noveles en el Apollo de Harlem. Paralizada por la angustia que le impide moverse, improvisa, cómo no, y opta por interpretar una canción pegadiza: 'Judy', de Carmichael. En dos años llegarán las grabaciones para el sello Decca y el despegue de una carrera inalcanzable, primero como vocalista de big band y posteriormente, como solista de diferentes formaciones.

 
   El baterista Chick Webb, líder de las salas de baile más concurridas, le propone unirse a su banda. Ella, inexperta pero con una intuición sorprendente, accede y sigue los consejos de su Pigmalión. Disciplinada, cordial, despierta el cariño de los profesionales para ganarse el respeto de los colegas. Aparentemente, es solo una cantante con talento; una chica insignificante para la orquesta. Pero Ella es diferente; es la compañera de viaje perfecta con la que se habla de tú a tú en los interminables trayectos en autobús y se disfruta discutiendo sobre música en los ensayos y en las grabaciones. Además, consigue el reconocimiento sincero del público vendiendo un millón de copias de 'A-Tisket, A-Tasket'.
 
 
   Ella vive frenéticamente la década de los cuarenta. Es 'Lady Swing' y apunta a reina del bebop. Su estilo inimitable se consolida. Tras un matrimonio fallido, se casa con el bajista Ray Brown -un músico cercano al productor Norman Granz- y adopta a Ray Jr., su único hijo. Granz la incluye en las giras 'JATP' y la tutela proporcionándole músicos y auditorios de primera. El mejor marketing al servicio de la más grande.

 
   La cantante de la voz prodigiosa y el swing vibrante se transforma dentro y fuera del escenario. Aparecen la silueta oronda; los cambios de imagen siempre elegantes y discretos; el pañuelito, como Armstrong, para enjugar el rostro. Los aficionados se exaltan cuando canta con Ellington, Basie, Armstrong, Peterson y Pass. En televisión provoca el delirio de una audiencia que la venera y la redescubre junto a Sinatra, Sammy, Vaughan, Dean, Durante, Sutherland, Jones, Cole y Crosby.
 
       En los cincuenta y sesenta Fitzgerald magnifica el repertorio popular estadounidense con los 'Song Books' dedicados a Porter, Rodgers, Hart, Ellington, Berlin, Gershwin, Arlen, Kern y Mercer. Ella ya es leyenda y las tournées la llevan de un continente a otro. Nunca se aparta del jazz pero le divierte acercarse al soul, el rock, la bossa nova y algunas partituras de The Beatles. Maravilla con su arrollador 'scat', afinación impecable y portentoso sentido del ritmo.

       Para conmemorar su nacimiento, Google le ha dedicado un espléndido Doodle. Qué menos tratándose de la quintaesencia del jazz; del genio que tantas veces interpretó ‘How High The Moon’, ‘Mr. Paganini’, ‘The Man I love’, ‘Cabaret’, ‘For Once On My life’, ‘Whatever Lola Wants’, ‘It Don’t Mean A Thing’, ‘Lullaby Of Birdland’, ‘All Through The Night’ y ‘Hey, Jude’. Como en el bolero, su dimensión se escribe con tres palabras: Ella fue única.
 
 
'ELLA FITZGERALD',
ELLA JANE FITZGERALD,  
25-IV-1917, Newport News, Estados Unidos/
15-VI-1996, Beverly Hills, Estados Unidos.
Cantante de jazz.  
El texto que acompaña a este artículo fue publicado por MARIAN PIDAL  en 2013 para 'El Comercio', periódico de Gijón, España.

No hay comentarios:

Publicar un comentario